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Empoderamiento de Mujeres en el País Vasco

Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer ha presentado  el informe “Los procesos de empoderamiento de las mujeres adultas en el País Vasco”, un análisis que viene a finalizar una serie de investigaciones que tratan de observar los procesos de empoderamiento en las prácticas cotidianas de las mujeres vascas, que fue iniciada con el colectivo de adolescentes en el año 2009 y continuada en 2012 con el colectivo de mujeres de más de 65 años.

Entre las conclusiones principales del estudio se ha constatado, en primer lugar, que la autonomía individual es una prioridad clave, un elemento central en la vida de las mujeres vascas. Todo aquello que no sea decidir por sí mismas, todo aquello que no facilite o posibilite este marco de decisión, es objeto de crítica. Podemos decir, por tanto, que el empoderamiento es una “aspiración vital” de las mujeres vascas

Pero las discriminaciones persisten. Concretamente, un 18,5% del total del colectivo de estas mujeres considera que, en la actualidad, no existen más oportunidades para que las mujeres estén más presentes en todos los ámbitos de la vida; un 30,5% afirma que, en la actualidad, las mujeres tienen menor autonomía que los hombres a la hora de tomar decisiones; casi un 80% sostiene que, hoy, en nuestra sociedad, las mujeres se encuentran discriminadas, fundamentalmente en el escenario laboral y por la persistencia de la cultura machista.

En este sentido, una de las conclusiones del estudio muestra la clara distinción existente entre los ámbitos privados y públicos en materia de desarrollo del empoderamiento de las mujeres entre 18 y 64 años. Las mujeres canalizan su autonomía individual fundamentalmente en el plano personal o “privado y es aquí donde se concentran los “avances”, mientras que, por el contrario, en el escenario laboral las mujeres perciben más dificultades para desarrollar su autonomía y su empoderamiento, mientras que, lo laboral constituye el espacio que permite completar el empoderamiento en un sentido amplio. Queda patente, en el estudio,  que el empleo empodera, que otorga a las mujeres una mayor capacidad en la toma de decisiones. Y este hecho lo refuerzan aquellas mujeres que se dedican a tiempo completo a las tareas del espacio doméstico-familiar.

Por otro lado, en el estudio se ha detectado también que entre las mujeres más jóvenes, entre 18 y 30 años, se incrementa  el desentendimiento del discurso de la igualdad. Se trata de generaciones socializadas con mayor intensidad en la equidad de género. Y si bien este segmento de mujeres nacidas entre 1982 y 1994 considera que esta igualdad está más presente hoy en su vida cotidiana, del mismo modo pueden llegar a experimentar, en paralelo a su trayectoria biográfica como mujeres adultas, que el discurso socializado deriva en falacia.

En suma, según se desprende del estudio, estamos asistiendo a una suerte de culminación de las distintas estrategias, formales e informales, públicas y privadas, de concienciación de las distintas generaciones de mujeres en términos de puesta en valor de su autonomía individual, de su capacidad para tomar decisiones por sí mismas, que se vienen canalizando, principalmente, en sus prácticas más privadas o personales. Pero sin una transformación estructural del escenario laboral, parece difícil atisbar “avances” en las dimensiones sociales y políticas del empoderamiento, o al menos con la misma intensidad o ritmo señalados en la dimensión individual o “privada” del mismo.

INFORME: Los procesos de empoderamiento de las mujeres adultas en el País Vasco

Hay expresiones que matan…..

Os recomendamos este artículo de Itxaso Álvarez, aparecido hace un mes en la prensa, concretamente el El Correo el País Vasco. Hasta finales de los 80 la violencia contra la mujer no fue un tema prioritario, pero a estas alturas nadie o casi nadie admite que la violencia contra las mujeres es justificable. Está pasando de concebirse como algo que se desarrolla en el ámbito de lo privado sin posibilidad de incidencia externa a un problema social y de derechos humanos que ha de resolverse. No obstante, no es raro escuchar en ocasiones explicaciones necias y engreídas sobre la igualdad o la desigualdad e incluso sobre la violencia que padece una mujer. La ‘Guía para sensibilizar y prevenir desde las entidades Locales la Violencia contra las Mujeres‘, publicada por la Comisión de Igualdad de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) buscó y recopiló en su día algunas ellas en lugares públicos, en la Prensa y en chats, comentarios que dan pistas interesantes sobre lo que todavía piensa la sociedad, o al menos una parte de ella, acerca de este asunto. Veamos cuáles eran, porque da pistas interesantes sobre las explicaciones populares que aún hoy en día se escuchan sobre la igualdad, la desigualdad o incluso la violencia.

“Es un tema personal, por eso no intervine”, opinaba una directiva ante su no implicación sobre un caso de acoso sexual a una empleada. “Es buena persona, no podemos entenderlo”, relataba un vecino de un agresor detenido tras el asesinato de su mujer, desconocedor del hecho de que los maltratadores suelen tener un comportamiento normalizado hacia el resto de la sociedad. “Es que se lo estaba buscando, con esa ropa no se puede venir a la oficina”, reflexionaban los compañeros de trabajo de una mujer que había denunciado por acoso sexual a otro. Detrás está la concepción de que las mujeres han de ser recatadas y renunciar a su libertad para vestir de un modo u otro. “Esto es porque allí son más machistas”, justificaba una mujer al conocer que la víctima era latina, sin duda, porque desconoce que el machismo no es patrimonio de una u otra región del mundo y que en España, siete de cada diez casos de denuncia se realizan contra un español.

“Hay que ver, con lo bueno que era él, ella le dejó y claro, se volvió loco”, reflexionaba en voz alta una amiga de una pareja conocida en la que ella le ha denunciado. Con ese argumento, niega la libertad de elección de pareja o el divorcio y se justifica la violencia como un trastorno mental temporal, cuando sabido es que casi siempre coincide con una acción premeditada. “Lo hizo porque estaba muy agobiado cuidando a toda la familia”, apuntaban unos vecinos tras el asesinato de una familia por parte del padre, prueba de que la depresión o las malas rachas vitales se utilizan como razones convincentes de su inocencia. “No es un hombre violento, es el alcohol lo que le hace a veces perder la cabeza”, justificando así en un grupo de amigos una agresión a una mujer por parte de su pareja porque él cuando bebía, perdía el control sólo de vez en cuando y no sabía lo que hacía cuando llegaba a casa y agredía a la mujer por tener la cena fría o por no tener la camisa planchada. ¿Pero es que el alcohol es causa de un comportamiento violento contra las mujeres? “No te quejes, te controla porque te quiere mucho”, le decía una joven a otra porque ésta se sentía incómoda con tantas llamadas y mensajes de móvil de su novio. En este caso, se identifica el amor con la posesión de la otra persona (de ella) y no se valora la relación afectiva cargada de libertad y respeto.

Dos personas en la parada de un autobús ante la lectura de una noticia de la violación de una joven, sueltan: “De dónde vendría a esas horas“. Se olvidan de la libertad de movimientos de esa mujer y ponen la acusación de su parte. Ella no debería salir a esas horas porque corre riesgos. Pero, ¿no había sido agredida? ¿O es que ahora la agresión pasa a ser una consecuencia lógica de sus actos y el agresor es invisible? “Es que cuando hay problemas económicos se puede perder el control”. Quien hacía este comentario desconoce que la violencia contra las mujeres no está relacionada con los problemas económicos de una pareja y que se produce entre personas de cualquier nivel económico. Se trata de la expresión máxima de la subordinación de una mujer a un hombre, y en eso, el dinero no cuenta.

La recopilación de comentarios hirientes no termina aquí: “Es que no era una mujer de su casa”. “Algo habría hecho”. “No digo que la mate, pero es que cuando te separas, te quitan todo”. “Se lo estaba buscando”. “Es que ahora no aguantan nada”. “Los niños necesitan de su padre”. “Fíjate que suerte, como es una maltratada le han dado una ayuda económica”… En resumen, se deduce que la sociedad ha naturalizado en parte la violencia y sus expresiones. Y aunque el discurso de la opinión pública está cambiando y cada vez se registra un grado de intolerancia mayor, en la práctica se mantiene como un modo de control de las mujeres y tanto agresores como parte de las víctimas lo incorporan como normal.

 

Las mujeres de la plaza Tahrir

Una turba de hombres ataca a una mujer que participa en una protesta, la rodean, la acosan, tiran de su ropa, tocan su pecho, tratan de quitarle los pantalones, la acosan sexualmente, intentan abusar de ella.

La agredida  no se ha ocultado, se llama Yasmine Al- Barmawi. Poco después de su agresión, sucedida a finales del pasado año, denunció lo ocurrido ante los tribunales.

El caso de Yasmine no es aislado. En los tres últimos días se han registrado 86 agresiones sexuales a mujeres manifestantes que participaban en las protestas contra el presidente Mohamed Morsi. Son datos recogidos por la  Operación Anti Agresión Sexual que ha surgido para combatir estos ataques y en la que sus integrantes, mujeres y hombres, actúan de forma coordinada en las manifestaciones.

Organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional han denunciado en repetidas ocasiones la impunidad existente ante el acoso sexual y la violencia de género contra las mujeres en Egipto. Desde dentro y fuera del país se repiten las demandas al gobierno para que investigue, juzgue y condene públicamente todas las agresiones sexuales. Pero el gobierno no solo no ha reaccionado ante este tipo de agresiones, sino que ha llegado a atribuir responsabilidad a las víctimas por participar en las protestas.

El general Adel Afifi, uno de los integrantes del Comité, llegó a decir que “las chicas que participan en las protestas lo hacen sabiendo que están entre matones y gente de la calle. Ellas deben protegerse a sí mismas antes que pedir protección al Ministerio del Interior. A veces una chica es completamente responsable de su violación porque se sitúa en un contexto determinado”. Todo ello hace que se limite a las mujeres a participar plenamente en la vida pública del país y que raramente denuncian agresiones policiales, porque no tienen ninguna razón para creer que habrá una investigación seria.

Diversas organizaciones egipcias que luchan contra la violencia sexual apuntan al machismo y la represión como causas del problema, junto con la falta de voluntad para reconocerlo, combatirlo y denunciarlo por parte de las autoridades.

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