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Cuidado resbala

Vivimos en sociedades dónde lo que se prioriza son aquellas actividades remuneradas, que reportan prestigio y se miden en su valor monetario. Sin embargo, existen un montón de tareas invisibles que son imprescindibles para sostener la vida de todos y todas. Este documental aborda una de las preocupaciones de la sociedad en general y de los movimientos feministas en particular: el trabajo de los cuidados. Quién lo realiza, cómo se valoran, cuán necesarios son, qué nos aportan. Sin cuidados no hay vida, y sin vida no hay política, ni mercados, ni crisis… absolutamente nada.

Y en una versión reducida

La participación política de las mujeres

La verdad de las mujeres víctimas del conflicto armado de Colombia

La Ruta Pacifica de las Mujeres presentó el Informe de Comisión Verdad y Memoria “La Verdad de las Mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia” hace unos mese en Colombia.

Los dos tomos del Informe incluyen la experiencia de las víctimas y sobrevivientes, contada a partir de las voces de más de mil mujeres mestizas, afrodescendientes e indígenas que han sufrido los horrores de la guerra y guardado esas memorias rotas durante años o décadas en su cuerpo y su corazón. Los testimonios se recogieron en 22 departamentos y más de 80 municipios donde hay organizaciones de la Ruta Pacífica de las Mujeres.

Podéis consultar el informe aquí

Papeletas con Género

Mujeres votando en Bilbao en 1933

En la sociedad actual existen de una serie de derechos de los que nos creemos dotados desde siglos, cuando no desde milenios atrás. Sin embargo, algunos de esos derechos tienen todavía un corto recorrido, cortísimo, si lo comparamos con la Historia de la Humanidad.

El derecho de la mujer al voto es uno de esos casos: la pionera, Nueva Zelanda, en 1893; o Noruega, que lo había aprobado en 1913, muestran que la aprobación del voto femenino es un caso de este siglo pasado, de apenas hace 100 años.

En el Estado español, las mujeres votaron por primera vez en abril de 1933, si bien estas elecciones solo afectaron a un pequeño número de municipios, en concreto unos 2.500, en los que debía elegirse a los miembros del consistorio una vez se había modificado la ley electoral. Es por ello que tiende a considerarse que en el Estado español el voto femenino de forma generalizada no se ejerció hasta el 19 de noviembre de 1933.

En cuanto a las mujeres vascas, salvo en el caso de Araba, en alguno de cuyos municipios también se había votado en abril, el derecho se ejerció de forma generalizada el 5 de noviembre de 1933, cuando pudieron votar por vez primera en parte de los territorios vascos del sur de los Pirineos.

Ese día amaneció lloviendo y no fue nada propicio para ejercer el voto y animar a hacerlo. Sin embargo, los partidos políticos vascos se movilizaron para que el referéndum por el Estatuto Vasco tuviera el mayor apoyo posible. Algunas de las personas que acudieron a votar, especialmente las mujeres, recordarían durante mucho tiempo el coche que las vino a buscar para facilitar el ejercicio a voto. Para muchas de estas mujeres del ámbito rural, este acontecimiento supondría el bautismo de voto y también su bautismo automovilístico.

Para completar la información….

Trabajadores y trabajadoras de hogar

“Nos reunimos para sumar fuerzas y ser escuchadas, pues queremos hablar por nosotras mismas”, explicó la peruana Ernestina Ochoa al finalizar en la capital uruguaya el congreso fundacional de la Federación Mundial de Trabajadoras y Trabajadores Domésticos, al que asistieron líderes sindicales de unos 50 países.

Con estas frases comienza el artículo de Periodismo humano.

“Por muchos años solo hablaron por nosotras las organizaciones no gubernamentales, a través de estudios e investigaciones que nos invisibilizaban, pero el trabajo de hormiga lo hemos hecho las empleadas del hogar y nuestros sindicatos”, indicó Ochoa, vicepresidenta de la Federación, como pasó a denominarse desde esta reunión la Red Mundial de Trabajadoras y Trabajadores Domésticos (IDWN, por sus siglas en inglés).

“Ahora hemos dicho: ‘Basta ya, fundemos una federación grande que nos una y nos articule, hagamos cosas en conjunto para organizarnos, defender nuestros derechos, formar sindicatos, mejorar las leyes y también para ayudar a los países en los que no existen normativas al respecto, empoderar a las trabajadoras del hogar, formar líderes y tener voz frente a gobiernos y empleadores’”, agregó.

Una lectura recomendada, Ouka Lele

Os traemos hoy una reseña que escribió en su blog Nuria Varela sobre Ouka Lele.

Ouka Leele ha escrito La llave de la jaula. En realidad lo escribió hace ya años, todos los poemas son de 2006, pero lo acaba de publicar. Rotunda, habla de las condenadas al olvido, al silencio, al terror y se incluye entre ellas con una valentía que no deja dudas sobre su intención: En él (el libro) hallarás la llave escondida entre sus páginas, la llave de la cerradura. De la jaula, la salida.

Ouka Leele ha dicho lo obvio justo ahora, cuando parece que la verdad es una emigrante más que se ha ido de este país. Ha dicho todo lo que se había quedado enterrado entre tanta palabra vacía, tantas cifras engañosas, tanto discurso repetido …al ser mujer he descubierto, asombrada/un extraño derecho a ser/violada/ultrajada/humillada/golpeada/silenciada/sin derecho a decir nada.

Uno a uno, desfilan entre sus versos todos los horrores, los propios y los ajenos. Lo vivido, lo oído y lo sufrido. Su voz es rotunda, con capacidad de recordar y ponerse en el lugar de otras:

Mamá me duele la garganta/y ¡zas! Me quedé sin amígdalas/Más muda si cabe/¡Mamá!, tengo cistitis!/¡Mamá!, me pica ahí/será frío, mi niña/una bolsita de agua caliente y ya…/ Pero hoy mamá, te grito:/¡Mamá! Me están violando/¡Mamá! Tengo miedo/Te lo intento decir pero no sé ni lo que es eso. 

Heroina y heroínas

Historias de vida y compromiso de Mujeres. Hoy os invitamos a leer un artículo de Almudena Grandes aparecido hace un tiempo en el País Semanal
“De la fregona a la pancarta”. Así resumen su historia. Al principio eran unas pobres mujeres, ignorantes, incultas, abocadas a la monotonía del trabajo doméstico, guisar, lavar, planchar, limpiar y sacar a sus hijos adelante. Pero no las dejaron. Ni  siquiera lograron arrebatarlos de las garras de la muerte.

No sabían lo que estaba pasando. No lo entendían. Sus hijos eran buenos chicos, más o menos revoltosos, esta buena estudiante, ese regular, aquel muy rebelde, pero ninguno malo. Hasta que un día les cambió el carácter. Se volvieron extraños, huraños, violentos, empezaron a adelgazar, a desesperarse, a quitarles dinero. Se habían enganchado a la heroína, una palabra que para ellas evocaba apenas a Agustina de Aragón disparando un cañón en una vieja película en blanco y negro.

Ellas no sabían casi nada y no podían comprender lo poco que sabían. Por qué, en Entrevías, a principios de los ochenta, el hachís desapareció de las calles como por ensalmo. No, chocolate no hay, pero tengo una cosa mucho mejor, mira, toma, prueba esto, te lo regalo, póntelo y ya me dices. Así, los chicos y chicas que fumaban porros los fines de semana se convirtieron en yonquis de la noche a la mañana. Así, el barrio más radical, más luchador de Madrid, la zona de Vallecas donde la policía de Franco ni siquiera se atrevía a entrar durante los últimos años de la dictadura, se convirtió en un infierno para sus vecinos, un oasis de la paz más cruel para un Estado al que el caballo le hizo gratis el trabajo sucio. El sida remató la faena de neutralizar la combatividad de una generación de jóvenes que murieron antes de llegar a la madurez. Aquello fue un genocidio, dicen sus madres. Es difícil llevarles la contraria, porque ahora sí saben de lo que hablan. Muchas perdieron un hijo, muchas dos, algunas tres, cuatro, y una hasta seis, todos los que tenía, en aquella batalla.

Porque esto es la guerra, explican ellas, que llevan más de treinta años luchando con garras y dientes en un combate  desigual, injusto como ninguno. Sus hijos las movieron, las siguen moviendo. Por ellos, por ellas, empezaron a estudiar, a investigar, a organizarse. Desde entonces, no han parado. Después de enterrarlos, ya no tienen nada que perder.

Difundieron el  conocimiento que habían pagado con la sangre de sus hijos, pero no pasó nada.

Las Madres Unidas contra la Droga de Entrevías convocaron una infinidad de manifestaciones en las que recorrían las calles de su barrio deteniéndose en los portales de los camellos. Aquí, aquí, aquí se vende droga, gritaban, pero no pasó nada. Hicieron una lista con todos los puntos de venta de droga de Vallecas y la entregaron en el Congreso de los Diputados, pero no pasó nada. Hicieron encierros, acampadas, huelgas de hambre, comunicados, conciertos, jornadas de lucha, y   difundieron, redifundieron y volvieron a  difundir el conocimiento que habían pagado con la sangre de sus hijos, pero no pasó nada. O sí. Pasó que la policía, esa misma que nunca hizo nada, las clasificó entre los grupos violentos, radicales,  peligrosos. Nos llamaban jarrais, cuentan ahora con una sonrisa, a nosotras, ya ves. Pasó que nadie les ha pedido todavía perdón. Y sigue pasando que nadie se ha muerto de vergüenza.

No ha sido fácil. Para ellas, nada ha sido fácil nunca, pero ninguna dificultad llegará a ser jamás tan grande como ellas. Han aprendido mucho, y pocas cosas son tan emocionantes como el relato de su aprendizaje. “Aquí no se viene a que a una le resuelvan el problema de su hijo, sino a luchar por todos. Y comprendimos que los camellos no eran el enemigo, que ellos también eran víctimas. Y un camello mató a un chaval de un navajazo y su madre no le denunció, porque comprendió a tiempo que no era más que un desgraciado, como su hijo. Y cuando íbamos a la cárcel a verlos, nos desnudaban de arriba
abajo y seguíamos pitando, por los puentes de la boca, por el DIU, por las prótesis, y no nos dejaban pasar. Y nos  concentrábamos los sábados en Sol, a las cuatro de la tarde, por si alguna quería ir luego al cine, y un año nos encontramos con los del Orgullo Gay, y por apoyarles nos morreamos nosotras también, y no veas cómo nos aplaudían. Y quedamos a cenar y siempre decimos, a ver, la primera media hora para llorar, y luego, ya, a divertirse.”.

Guapas, magníficas, generosas, valientes, sabias, compasivas, jovencísimas siempre, las Madres son de lo mejor que existe en esta ciudad, en este país. Para comprobarlo, basta con leer el libro en el que repasan más de treinta años de lucha y de esperanza. Se titula Para que no me olvides, como una vieja canción de amor. De eso se trata.

Hannah Arendt, una filósofa

Hoy re comendamos una película interesante para una tarde de invierno o verano y una buena discusión con amigas sobre los temas que nos plantea la película Hannah Arendt

Hannah Arendt, filósofa, pensadora y periodista judía y exiliada en los Estados unidos, es enviada a Jerusalén por The New Yorker a cubrir el juicio del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, juzgado y condenado a muerte.

Rompiendo barreras en Etiopía

Mujer, viuda y cabeza de familia, Halima reunía en una sola persona todos los requisitos para formar parte de las negras estadísticas del hambre y la pobreza, en un país que, a pesar de haber experimentado un más que notable crecimiento económico en los últimos años, se mantiene todavía entre las naciones a la cola del desarrollo.

Pero Halima no quiso conformarse con esa suerte. Hace tiempo que los hijos mayores abandonaron el hogar familiar para buscar el sustento en otros lugares, a su cargo quedan solo la menor, de doce años, y un hijo. Por ellos no dudó en hacer frente a las críticas y la incomprensión de sus vecinos y por ellos, saca fuerzas cada día para sobrevivir.

La historia de Halima es la de una mujer valiente que en una sociedad dominada por los varones, ha roto una tradición ancestral que impide arar a las mujeres sus propias tierras.

Si quieres conocer más sobre esta historia pincha aquí 

Puta: el documental

“¿Por qué no te suicidas, zorra estúpida?”. Abril de 2013. Una de las frases que más escuchó Emily Lindin en su adolescencia resuena, de nuevo, en su cabeza al enterarse por la noticias del suicidio de Rehtaeh Parsons, una chica canadiense que había sufrido una violación en grupo y que después tuvo que aguantar el acoso de sus compañeros de instituto cuando las fotos de su agresión sexual circularon en las redes sociales. No era la primera vez que Lindin escuchaba una historia como ésta. Otras jóvenes norteamericanas como Amanda Todd, Audrie Pott o Phoebe Prince también se habían quitado la vida después de haber sido señaladas como la “puta del instituto”. “Y la lista podría seguir con más nombres que no aparecen en la prensa” explica a S Moda Lindin, fundadora de The Unslut project, una iniciativa que busca la concienciación social y que promueve la igualdad de género para luchar contra ese estigma en el que la sexualidad femenina se negativiza y convierte en objeto de insulto, bullying o acoso.

El proyecto de Lindin contra el ‘slut shaming’ –lo que vendría a ser el ‘escarnio de la zorra’, o esa extraña y arraigada afición por culpabilizar a las víctimas de agresiones sexuales, y no al agresor, con frases como “se lo estaba buscando” o “eso le pasa por ir provocando”– es también un proyecto catártico. Su autora lo inició con la publicación en Tumblr de sus diarios de niñez y adolescencia, porque, tal y como cuenta, “a mí nunca me violaron, pero fui señalada como la ‘puta’ del colegio desde que cumplí once años en adelante” (un resumen de sus vivencias se pueden leer en este artículo que firmó en The Guardian).

Transcribir episodios como el “Hija mía, ¿eres sexualmente activa?” que le preguntó su madre mientras hacía los deberes por los rumores que asolaban su barrio (su novio le contó a todo el mundo que le había practicado unos tocamientos que ella nunca pidó, “en realidad, fui sexualmente pasiva”), o cómo ella misma pensaba que se merecía todo el acoso de sus compañeros (“Debo haber hecho algo mal. Supongo que me lo merezco y Dios me lo está devolviendo”) han dado fuerza a multitud de mujeres (y hombres) para compartir sus propias experiencias personales en su web. “Toda esta implicación demuestra cómo de arraigado está este tipo de bullying en nuestra sociedad”,

Por ese motivo, y para extender su proyecto a nuevas vías de comunicación, Lindin prepara ahora el documentalSlut: A Documentary Film’ (‘Puta: el documental’)