Testimonios desde el equipo de India Bizira para el día de la Mujer Indigena

Desde Bolivia hasta la India: El Día de la Mujer Indigena  fue elegido en honor a Bartolina Sisa, mujer indígena aymara asesinada en 1782 por oponerse a la dominación y la opresión de los conquistadores españoles.

Las mujeres indigenas han estado y están enfrentando durante años múltiples discriminaciones (mujer, pobre e indígena). Y también son muchas de ellas las que también desde lo cotidiano reivindican esos derechos a la identidad específica, a la dignidad diferenciada, y a aquellas prácticas culturales ya sean propias o ajenas que afectan a su condición y posición como mujeres.

En este día, traemos algunos testimonios desde el grupo INDIA BIZIRA que ha estado conociendo la realidad de las mujeres indígenas adivasis en la India.

INDIA BIZIRA es un grupo formado por 11 educadores y educadoras que han viajado a Gujerat, para vivir una experiencia de un mes inmersos en la vida de las comunidades indigenas adivasis, al Norte y al Sur de esta región.
Este grupo de educadoras y educadores salieron con mucho cargamento de ilusión en las maletas para vivirse desde el encuentro con el otro y la otra, también con dosis de confianza ante lo desconocido y con la esperanza de reforzar su vocación como docentes, para la construcción de un mundo más justo a través de la educación.  (Eskerrik asko: Mikel, Melan e Inés!)

La enfermera que no sabía leer

Esta mañana hemos visitado el dispensario de la misión, atendido por las Hijas de la Cruz o, simplemente, las sisters. Por allí pasan al día una media de 170 personas enfermas2015-08-10 11.52.31 HDR. Aunque humilde, el centro cuenta con laboratorio para diagnosticar malaria y tuberculosis y una máquina de rayos X. Junto al dispensario, las monjas imparten un curso gratuito de enfermería a treinta mujeres adivasi. Se reúnen una vez al mes y hoy hemos tenido el placer de acompañarlas. El médico que da las charlas hablaba de la medicina alternativa y de cómo combatir la enfermedad en los medios rurales, entre los campos de cultivo y la jungla, donde la medicina tradicional no llega.

[…]En el curso les enseñan la importancia de la higiene, les ayudan a identificar una tuberculosis a partir de la tos del paciente, a vigilar un absceso cutáneo que indica una lepra incipiente, a tratar un dolor de muelas con aceite de clavo y coco, o a poner una venda en un tobillo…
Las entusiastas alumnas, una treintena, que acuden en representación de un pueblo cada una, tomaban notas sin parar. Todas menos una. Esta última es analfabeta, pero tiene una capacidad memorística sobresaliente. Cada vez que hay curso, retiene lo aprendido hasta llegar a su aldea, donde el marido le ayuda a transcribir la información.
La verdad es que su historia nos ha conmovido como símbolo de empoderamiento. Mientras haya una mujer que, pese a no haber tenido derecho a la educación, recorre kilómetros para contribuir al desarrollo de su comunidad, los niños y niñas de Zankhvav tendrán otra referencia en qué fijarse, por encima de las trabas de los poderosos, y muy distinta a la de los desfiles, los misiles, y las banderas enemigas.

La mujer adivasi
Me cuesta bastante escribir sobre la mujer adivasi en Gujerat, porque pienso que sé de su realidad poco o nada. Allí he visto a mujeres que en el espacio público prácticamente no existen, porque casi no se las ve. Cuando me he cruzado con alguna por la calle, mi sensación ha sido siempre que tratan de pasar lo más desapercibidas posible y que, sin embargo, tienen un gesto fuerte, como si fueran supervivientes. Nunca una mirada de frente, pero siempre una sonrisa furtiva. Me he encontrado con mujeres muy trabajadoras: cuidar niños/as, comprar comida, trabajar en el campo y en casa, cuidar a los animales…son las tareas que les he visto desempeñar.
Además, he tenido la oportunidad de conocer dos cooperativas de mujeres, una que estaba empezando su andadura, y otra más consolidada con un largo recorrido a sus espaldas. En la primera, asistí a una formación, de la cual no pude entender nada; así que, las observé a ellas. Fue una gozada, por primera vez, vi mujeres adivasi sonreir e incluso reir a carcajadas. Por primera vez, les vi contestar, hablar, participar, y sobre todo les oí al grito de ” Ye adivasi” (mal escrito probablemente) muy orgullosas de ser quienes son. Tuve la sensación de que, aunque el camino es largo, ellas están dispuestas a luchar por su dignidad de mujeres, y de adivasis.
La segunda cooperativa es otra historia, llevan unos 20 años trabajando juntas. Empezaron con formaciones en higiene y salud, y de esa manera consiguieron que otras mujeres se fueran uniendo a una asociación que en sus casas no siempre era bien recibida. Con los años, han desarrollado un servicio de banca ( para todas, su primera cuenta corriente), de venta de plantas medicinales, y de saris. Básicamente, han aprendido a ahorrar, a valerse por si mismas, y a no depender de sus maridos, sobre todo, porque el grave problema, en este caso, es que muchos de ellos son alcoholicos. […] Sin embargo, las mujeres de esta cooperativa, con las que he podido hablar, sonrien, miran de frente, opinan, incluso alguna mantiene a su familia y participa en la política local. En definitiva, han reinventado sus vidas, se han hecho valer, y han conseguido un gran respeto en sus casas e incluso en sus aldeas.
Está claro que su situación no es buena, que son muchas las que aún podrían mejorar su vida, sin embargo, si me quedo con algo de ellas es con su fortaleza, con sus caras al empezar a soñar con una realidad diferente de la que viven, con su capacidad de seguir adelante, de reinventar sus vidas, de sonreir, y de querer ser lo que, en realidad, ya son: Mujeres adivasi.

 

 

La mujer adivasi que hemos podido ver y sentir, es una mujer luchadora y trabajadora, que está en todos los ámbitos y que es pieza fundamental de todo lo que se desarrolla en su aldea, pero sin tener reconocido todo el trabajo que realiza, y sin que ellas mismas sientan que realizan un trabajo excepcional, que poco a poco se va visibilizando más, gracias al trabajo de empoderamiento de estas mujeres de diferentes organizaciones.

Pocos derechos son los que tienen reconocidos, sirva de ejemplo, que hoy en día siguen necesitando el permiso de sus maridos para poder trabajar.

Visitando las aldeas de alrededor de Zankhvav (a unos 60 kms de Surat) te encuentras a mujeres cargando ladrillos en la cabeza en las construcciones, recorriendo los arcenes de las carreteras mujer construcciontransportando lo recogido en el campo, trabajando en los arrozales….en las casas se ve que son las que llevan la organización, preparando las comidas, lavando la ropa en las fuentes comunes de la aldea, crianza de los hijos, a parte de las labores del campo y el ganado que reside en la misma casa de la familia.

A parte de las muchas mujeres profesoras que nos hemos ido encontrando en los diferentes colegios, quiero mencionar el único caso que hemos visto de una mujer directora de un colegio, “Ashram shala de Katkua”, donde residen 2 Sisters, 1 Jesuita y once jóvenes docentes para encargarse de las 130 niñas/os que allí estudian en régimen de internado. Una mujer motivada y super activa, que se veía que había sabido trasladar y trasmitir a su equipo y a sus estudiantes, trabajando todos/as en equipo por y para la comunidad.

Son algunos de los ejemplos de “mujer adivasi”, ya que también se organizan en cooperativas para dar microcréditos, grupos de salud donde una mujer representa a la aldea y asiste a diferentes jornadas sobre salud y medicina alternativa que luego transmite al resto de los habitantes…lo dicho un sinfín de actividades que solo gracias a su trabajo constante y silencioso, van haciendo que sus aldeas, sus familias y ellas mismas puedan tener una vida más digna, fuera a parte del ejemplo que dan a las niñas-mujeres que tienen su alrededor.

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Publicado el septiembre 4, 2015 en Uncategorized y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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